Sigmund Freud

Sarah Bernhardt: artista en más de una forma

Esta pieza es de Sarah Bernhardt, actriz y una de las artistas más prolíficas del siglo antepasado. Tristemente, también fue una de las más perseguidas y criticadas por otros escultores de la época, incluyendo a Auguste Rodin (cuyas obras admiro mucho, pero no puedo decir lo mismo de sus acciones contra Bernhardt).

Decían que estaba loca por no dedicarse a una sola cosa, por delgada, por gorda, por no ser lo que se esperaba que fuera de ella.

Víctor Hugo y Sigmund Freud irían en contra de las críticas con claros comentarios de apoyo a su favor, pero el más resonante es el de Emile Zolá, quien escribiría de ella: “¡Qué gracioso! No contentos con encontrarla delgada o declararla loca, encima quieren regular sus actividades diarias. ¡Que se apruebe una ley de inmediato para evitar la acumulación de talento!”.

Lo bueno es que a ella siempre le importó poco lo que dijeran de ella, actuando, pintando y esculpiendo lo que le viniera en gana. Una de sus obras es la que acompaña este texto, «La Muerte de Ofelia», de 1880. Un relieve en mármol digno de una artista maestra.

Sobre el estado del psicoanálisis en la actualidad

Una nota de Salvador A. Pérez Rosas, psicoanalista y uno de los escritores favoritos de Piensología, sobre el estado del psicoanálisis en estos tiempos modernos:

«Siempre me he rehusado a ser como los lacanianos que hacen mención al trabajo de Lacan, explicando los conceptos ofrecidos en sus seminarios con el mismo tinte muchas veces innecesariamente enigmático que les define. Creo que soy más como Lacan en eso de ser freudiano y como Alain-Miller en eso de querer explicar cosas de forma que otros puedan entenderlas.

lacan

Porque en esa forma enigmática está el estigma del psicoanálisis actual: hay un gran número de psicoanalistas que tienen una perspectiva cínica y soberbia sobre el mundo porque conocen las respuestas y el origen de las neurosis que abruman a la mayoría, que preocupan a varios, que vencen a todo el mundo. Analistas que, como Jung en su momento, se sienten invulnerables a estas particularidades; que se regodean como merecedores de tal disciplina.

Y del otro lado está la resistencia. Aquellos psicoanalistas que nos rehusamos vehementemente a pertenecer a la «élite» que se regocija en lo que conoce. Que queremos seguir aprendiendo y compartir con quien quiera dar el esfuerzo el conocimiento provisto por Freud y reanalizado por Lacan. Que usamos los conocimientos adquiridos en el diván y detrás de este para fortalecernos en lugar de eludirnos.

Me rehúso entonces a ser lacaniano y me mantengo freudiano. Me niego a rendirme ante el cinismo agarrándome de un optimismo reverberante que ilumine en lugar de un pesimismo soberbio que sólo sirve para alienar.

Quiero saber. Quiero enseñar.

Y elijo quedarme con la sed de hacer ambas cosas.»

Salvador A. Pérez Rosas, 2018.