religión

Fragmento: El significado original de la palabra “virgen”

“A las antiguas sacerdotisas lunares se les llamaba vírgenes. ‘Virgen’ significaba no estar casada, no pertenecer a un hombre – una mujer que era ‘una-consigo-misma’. La palabra misma deriva de una raíz latina que significa fuerza, poder, habilidad; y que fue después aplicada a los hombres: viril. Ishtar, Diana, Astarte e Isis fueron todas llamadas vírgenes, lo cual no hacía referencia a su castidad, sino a su independencia sexual. Y se decía que todos los grandes héroes de las culturas del pasado, míticos o históricos, habían nacido de madres vírgenes: Marduk, Gilgamesh, Buda, Osiris, Dionisio, Genghis Khan, Jesús – se aseguraba que todos ellos eran hijos de la Gran Madre, de la Única Original, con su apabullante poder viniendo de ésta.

Cuando los hebreos usaron la palabra, y en el arameo original, significaba “doncella” o “mujer joven”, con ninguna connotación conforme a castidad sexual. Lo que ocurrió después es que los traductores cristianos no podían concebir la idea de una “Virgen María” como una mujer de sexualidad independiente y, está de más decir, distorsionaron el significado hacia ser pura sexualmente, casta y jamás tocada.

Monica Sjoo, “La Gran Madre Cósmica: Redescubriendo la Religión de la Tierra”.

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Teísmo y ateísmo: la eterna lucha entre creer y no creer

A lo largo de la historia han existido personas de fe y, de la misma manera, personas que no creen en ningún ser supremo. El caos comienza cuando un lado malentiende al otro, creando problemas de magnitudes pequeñas (como una discusión o una simple diferencia de ideas) o, en el extremo peligroso, de magnitudes enormes (como las Guerras Santas, la prohibición de libertad de culto, las Cruzadas y la Inquisición, sólo por mencionar algunas).

Los cruzados eran hombres acaudalados que gozaban del beneplácito del Papa y también de personajes de poder, principalmente cristianos que querían recuperar la Tierra Santa ocupada por los musulmanes.

Los conflictos originados por una creencia religiosa son numerosos, muchos de ellos teniendo terribles consecuencias.

El teísmo aboga por la existencia de uno o más dioses que guían sus vidas bajo un compás moral, apoyando que no es necesario que haya evidencias claras al respecto ya que el simple hecho de creer es, precisamente, la fe que se profesa. El ateísmo, por otro lado y al no tener evidencia al respecto, considera que la existencia de uno o más dioses es simple y llanamente imposible y/o una forma de control de masas, argumentando que dichas creencias tomaron parte en un momento de cierta ingenuidad y represión intelectual.

Jamás, bajo ninguna circunstancia, puede permitirse que algo así se repita.

Jamás, bajo ninguna circunstancia, puede permitirse que algo así se repita.

El agnosticismo entra en la ecuación como una perspectiva en la cual se cree que no hay contundentes o suficientes pruebas para determinar la existencia de deidad alguna. Es aquí donde entra el concepto de teísta agnóstico, que cree que hay un dios o deidad pero que piensa que no hay forma de probar que existe, y el concepto de ateísta agnóstico, el cual cree que no hay dioses de ninguna clase pero que tampoco piensa que pueda ser comprobado aún-. En resumen, a diferencia de aquellos teístas y ateístas que no son agnósticos, los agnósticos de ambos grupos concuerdan con su teísmo y ateísmo pensando que no hay pruebas suficientes para sostener cualquier perspectiva.

Entonces, ¿qué insta al ser humano a creer y a no creer? ¿Debe, acaso, asumirse como una persona de fr y creer -sin evidencia palpable- en alguna figura deidad cualquiera? ¿Acaso debe creer en una sola y negar la existencia de cualquier otra? ¿O debe acaso vivir sin religión ni creencia alguna? Lo que sea que haya orillado al hombre y a la mujer a creer en un ser supremo lo ha acompañado hasta estos tiempos modernos, con la perspectiva teísta manteniéndose aún arraigada en nuestra sociedad y sólo siendo recientemente criticada cuando se asumió la separación entre iglesia y estado en muchas naciones del mundo.

Es algo común...

El respeto debe ser provisto por ambos bandos…

Sea como fuere, no pueden ignorarse las afrentas en contra de la libertad de culto que han formado parte de la Historia, muchas veces instigadas por grupos fanáticos que buscan hacer su dogma absoluto. Eventos como la persecución y el asesinato de Hipatia o de Giordano Bruno, la Inquisición, las Guerras Santas, el odio religioso, el terrorismo, el abuso sistemático de niños y de la mujer, la insistencia de una organización cualquiera de hacerse absoluta sobre el comportamiento y las ideas de un pueblo y otros actos similares que aboguen a favor de la represión, el abuso y la distorsión íntegra de lo que conforma a una persona no deben repetirse jamás ni mucho menos ser olvidados.

Es válido creer en uno, dos o más dioses (o no creer en ninguno), esto mientras no se abuse de los demás ni se obligue o se reprima a nadie para hacerlo. La libertad es absoluta y debe ser respetada sin excepción; de no ser así, es obligación de un ser humano digno el alzar la voz en contra de semejante afrenta.

¡Lindo martes les desea Piensología!

La censura… y por qué es peligrosa (2 de 5)

En los anales de la Historia, el término “censura” toma un significado poderoso con la introducción del “Index Librorum Prohibitorum” (o el Índice de Libros Prohibidos).

El Papa Pablo IV ordenó el primer índice de libros prohibidos en 1559, el cual fue reeditado más de 20 veces por varios papas distintos. El último índice de este tipo fue editado apenas en 1948 y no fue abolido hasta el año 1966. Esta lista de libros fue censurada debido a su contenido supuestamente herético y de ideologías peligrosas que a la Iglesia Católica Romana de ese entonces parecía incomodarles.

Index Librorum

Honoré de Balzac, René Descartes, Anatole France y Jean-Paul Sartre son algunos de los autores en el Índice…

Muchos fanáticos participaron en lo que fue la Santa Inquisición, censurando y quemando libros (y muchas veces a los autores de los mismos). Uno de los autores más famosos que formaron parte de esa lista fue Galileo Galilei, con víctimas reconocibles siendo Juana de Arco y Giordano Bruno, este último quemado por afirmar que el geocentrismo era absurdo y que la Tierra era la que giraba alrededor del Sol.

Las autoridades españolas estaban sumamente preocupadas de que América pudiese ser invadida con ideas de libertad religiosa o creencias distintas, irónicamente siendo de esa manera como incurrieron en América y borraron del mapa el culto a dioses indígenas como Tláloc, Coatlicue o Kukulkán.