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“Antes y después”, de Roberto Carlos Cisneros Patlán

“La conocí poco antes de agosto
en un momento mío de soledad,
me enamoré como loco de su rostro
que después no me tendría piedad.

Sus manos me gustaron como sus ojos
aunque mi delirio fue su libertad,
siendo yo cautivo de mis arrojos
jamás quise coartar su voluntad.

En noches de alcohol desmesurado
el llanto a raudales me brotaba,
mi amor eterno le habría jurado
mientras ella con desprecio me mataba.

Acabé por sus palabras azotado,
ella ocultaba su verdadero ser:
párvula parecía en el pasado,
despiadada terminó por parecer.

La quise, a pesar de ser ella
la causa de mi terrible padecer,
en noches de una sola estrella
le recuerdo y comienzo a entristecer,
comencé por querer a una doncella
y ella misma se hizo aborrecer.”

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“Antes y después”, de Roberto Carlos Cisneros Patlán.
Fotografía por Evelina Pentcheva.

¡Gracias por elegir Piensología!

“Tu vientre”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“Tu vientre es la muerte, mujer.
Lo digo porque vive en mi memoria,
en mis manos, en mi piel.
y yo me desvivo amándote, mujer.

Muerto en vida,
intentando vivir sin ti,
pero me muero por tenerte,
y tener tu vientre frente a mí.

Desvanecerme en él,
y amarle hasta morir.
Hacerle la vida, hacerle el amor,
conseguir la perpetuidad.

Porque tu vientre es la vida, mujer.
y la muerte de mi ser, también.
Con amor haremos vida en él,
para que sigamos en el mundo
aunque ya no estemos en él.

Con la vida que con pasión hagamos,
aquella que el amor habrá de hacer.
Y quien viva por nosotros sabrá,
que te amé y te amo tanto, mujer.
Que tan te amé desde antes que fueras madre
y que tan me amaste que en padre me convertí.

Porque tu vientre es la vida, mujer.”

 

“Tu vientre”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“Pienso en tu sexo”, de César Vallejo

“Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, si, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!”

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“Pienso en tu sexo”, de César Vallejo

“Adiós”, de Roberto Carlos Cisneros Patlán

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“Me falta el aliento para decirte
cuán grande es mi amor por ti,
el desvelo y la gracia que abatí
para mía por un tiempo sentirte.

Ya mi cabello negro ha caído,
mi piel se marchitó y no siente
aunque tu olor está latente
aún después de haberte ido.

Tu recuerdo sigue muy presente,
pero tu sonrisa ya ni siquiera figura,
tu cara grabada está en la mente,
y en éstos recuerdos de amargura.

Tu nombre recuerdo todavía,
letra por letra a diario lo refrendo,
no sé si al corazón loco volvería
pero la sangre sigue corriendo.

Tu olor no lo puedo desprender,
pareciera un perfume inacabable,
o será que tu esencia al atardecer
hace tu recuerdo interminable.

Te bendigo para que vayas bien,
para que mi amor no te lastime,
no volveré a reprocharte el desdén,
ni que tu fría alma me dejó inerme.

Te digo adiós con profundo dolor
y mi alma te pide ¡no te vayas!
que punzante es el profundo amor,

que con tu desprecio me avasallas,
en la nube gris no hay color
y tampoco con quien hoy te hallas.”

“Adiós”, de Roberto Carlos Cisneros Patlán, 2015.
Sitio en Facebook de Carlos Patlán

“Mañana dejaré de amarte”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“A esa mujer que de mi vida fue parte,
aquella que aún es mi singular amada,
así me deje el corazón en la nada,
será mañana cuando deje de amarte.

Porque no puedo ya con tantas pasiones,
con la imagen tan presente de tus senos.
Pero no todos los recuerdos son buenos,
que también guardo lo cruel de tus acciones.

Te deseo sólo bien, querida mía,
salud y bienestar para tí yo quiero.
Y si de lo nuestro queda si un empero,
¡Pues llama, habla, que se nos acaba el día!

Porque mañana voy a dejar de amarte,
porque más quiero amar y encontrar amor.
Y si lo que fue contigo ha sido un error,
no digas más, que habré al fin de olvidarte.”

Femme Ex Machina

“Mañana dejaré de amarte”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas.

“Rima LIII”, de Gustavo Adolfo Becquer

“Volverán las oscuras golondrinas
En tu balcón los nidos a colgar,
Y, otra vez, con el ala a sus cristales
Jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
Tu hermosura y mi dicha a contemplar,
Aquellas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
De tu jardín las tapias a escalar,
Y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;
Pero aquellas cuajadas de rocío
Cuyas gotas mirábamos temblar
Y caer, como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!

Volverán del amor a tus oídos
Las palabras ardientes a sonar;
Tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará;
Pero mudo y absorto y de rodillas,
Como se adora a Dios ante su altar,
Como yo te he querido… desengáñate;
¡así no te querrán!”

“Rima LIII”, de Gustavo Adolfo Becquer.

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“Amaba amarte”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas.

“De las cosas que hicimos y de todo lo que juntos aprendimos, lo que más me gustaba, lo que más adoraba, era amarte. Amaba amarte toda, amarte a medias, amarte grande y amarte pequeña. Amaba verte sonreír, amaba hacerte reír y amaba borrar de ti cada duda que se te escurria en el corazón.

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Amaba molestarte un poco en broma sólo para que me gruñieras de regreso. Amaba cada momento en el que estabas triste porque podía alegrarte. Cada momento en que te enojabas porque podía calmarte. Cada momento en que dudabas porque podía convencerte. Cada momento en que temías porque podía ser el valor que te hacía falta.

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Amé cuando nos amamos no importando el lugar. En el auto, en la calle, en donde fuera; el amor estaba con nosotros y, si no estaba, lo hacíamos juntos hasta saciarnos.

Y así como amé todo eso, amé también cuando peleamos. Cuando comenzaste a temer tanto que no regresabas, cuando comenzaste a dudar tanto que te volviste injusta, que te volviste cobarde, que te volviste hasta censura.

Amé todo ello porque tanto te amo aún, que amé la oportunidad de dejarte libre y de seguir siendo sin mí. Porque sin mí es como me enamoré de ti… y conmigo es como no quise seguir amándote”.

“Amaba amarte”, de Salvador A. Pérez Rosas, 2015.

“Amor”, de Pablo Neruda

“Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.

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Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.”

“Amor”, de Pablo Neruda

“Te piden que olvides…” de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“La perdí. Un día, después de tanto luchar, se fue. No hubo mucho que pudiera hacerse, tampoco. La partida era inminente. Se fue.

Lloras, gritas, dueles. Maldices a quien sea mientras dejas de creer en quien cree todo el mundo. Dejas de sentir lo que sienten los demás y te dejas caer en un abismo de dolor que nadie parece poder entender, pero que al principio todos pretenden compartir contigo.

Ellos eventualmente se rinden. Se cansan. No importa quién sea, todos te piden que olvides. Que dejes ir. Que el tiempo lo sana todo. Que esto no se ha terminado. Que lo superes. Que te sientas bien. Que ya sufriste demasiado y que es hora de decir adiós. Que encontrarás a alguien más.

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Pero no es lo mismo. No es como cuando dices adiós sabiendo que estarán mejor en otro lado, siempre teniendo la esperanza de que alguien más te cuente cómo le ha ido. Tampoco puedes ir de visita ni puedes llamarle por teléfono para recordar viejos tiempos, ni siquiera después de esa épica borrachera que te recuerda lo que has perdido. No hay forma de seguirle a donde esté, tampoco, ni la hay de verla más feliz en otro lado o con alguien más.

Esa clase de despedidas duran un poco más. Duran para siempre.

Y no puedes sino preguntarte si esas personas que tanto te dicen que olvides, que dejes ir, han perdido alguna vez a alguien como tú lo has hecho. Si alguna vez han encontrado y perdido a alguien cuyo amor consideran irremplazable. Pero sabes que no es así y que jamás será así; nadie logrará entenderte a menos que hayan caminado en tus zapatos.

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Pero venga, que hay que ser fuerte. Hay que intentarlo y hacerles creer que perder a quien la mayoría busca toda una vida no te ha hecho mella, que así dejas de preocupar a quienes te quieren y dejas de joder a quienes tienes harto. Volver a amar será casi imposible ya que no aceptarás nada menos que el amor que alguna vez diste y has recibido. Mientras tanto, ofrecerás consejo, alivio y cariño a los que sufren por aquellos que no les quieren porque sabes lo que es amar y ser amado, porque sabes lo que es —en realidad— el amor verdadero.

Y no necesitarás pedir ayuda. Nunca. Porque conoces tanto lo que es el dolor que no querrás que nadie más sepa de él de esa manera, ni siquiera si eres tú el que sufre. Así te caigas a pedazos, harás lo imposible para evitarlo.

Porque sabes muy bien lo que es el amor,
y sabes aún más cómo se siente perderlo.”

“Te piden que olvides”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas, 2012.

“Cuando te quedaste atrás” de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“Cuando te quedaste atrás,
te quedaste con todo lo mío.
Ni amor, paciencia y brío,
no quedaba en mí ya más.

Cuando te quedaste atrás,
elegiste quedar en el pasado.
Elegiste creer no haber amado,
a quien amar siempre habrás.

Femme Ex Machina

Cuando te quedaste atrás,
cortaste imagen, voz y amor.
Y lo que se corta con ardor
No se va del corazón jamás.

Espero que no sufras más,
que no tengas miedo de soñar
y que decidas al fin dejar,
ese día en que quedaste atrás.”

“Cuando te quedaste atrás”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas, 2015.