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La censura… y por qué es peligrosa (3 de 5)

Tomando a la Inquisición como ejemplo, numerosos libros fueron quemados de manera entusiasta por varios miembros de las juventudes Hitlerianas, miembros del fanático movimiento Nazi, el cual se volvía cada vez más fuerte en Austria y Alemania durante los años 30. Para “limpiar” la mente de los jóvenes y la sociedad, cualquier libro escrito por un autor judío, comunista o humanista era arrojado a las llamas.

El autor alemán Heinrich Heine, quien avisó que la quema de libros invariablemente llevaría a la quema de seres humanos, resultó estar en lo cierto en forma de los asesinatos en masa perpetrados por la Alemania Nazi, en la cual murieron al menos seis millones de judíos, aunque también gitanos Romaní, comunistas, disidentes y discapacitados (cualquiera que se alejara del ideal de la raza Aria).

Quema nazi

Así, joyas de la literatura eran convertidas en cenizas…

Hitler, el omnipotente Führer del Tercer Reich, implementó una censura terrible así como una campaña de intolerancia durante el régimen Nazi en todos los territorios que ocupó durante la Segunda Guerra Mundial. En esos países, todas las casas editoriales y estaciones de radio fueron tomadas o cerradas, confiscando los aparatos de radio de la población que llegaron a encontrar.

En Noruega, el aparato censor fue tal que el simple hecho de escuchar estaciones de radio de otros países, así como el acto de leer, producir o compartir periódicos extranjeros era un crimen que podía ser castigado con la muerte.

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