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Hiroshima y Nagasaki: recordando la tragedia sobre el pueblo japonés

El 6 de agosto de 1945 cae a la primera bomba atómica -denominada “Little Boy”- y detona a más de seiscientos metros sobre la ciudad de Hiroshima, llevándose a 166,000 vidas con ella. Tres días después, el 9 de agosto, caería “Fat Man” sobre Nagasaki llevándose a unas 80,000 personas, sin contar las secuelas de la radiación y el daño psicológico, material y económico causado sobre el pueblo civil japonés, resultado de los únicos ataques con armas nucleares registrados en la historia del mundo.

La explosión nuclear. Esta foto se dice que es de "Fat Man", la bomba que cayó en Nagasaki

La explosión nuclear. Esta foto se dice que es de “Fat Man”, la bomba que cayó en Nagasaki

Leucemias, envenenamiento por radiación, cáncer y distintos tipos de cáncer habrían sido los efectos secundarios de la explosión. Por si eso fuera poco, Estados Unidos no había enfocado sus ataques al ejército, sino a la población civil de ambos lugares. Los que pagaron las decisiones de Hirohito habría sido su pueblo, quien superaría el daño eventualmente, aunque jamás olvidando lo sufrido.

Seis días después de la detonación sobre Nagasaki, el 15 de agosto, Imperio del Japón anunció su rendición incondicional frente a la “bondad” provista por Estados Unidos y sus Aliados, haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón, concluyó la Segunda Guerra Mundial. El Imperio nipón sería ocupado (hasta el día de hoy) por fuerzas aliadas lideradas por los Estados Unidos —con contribuciones de Australia, la India británica, el Reino Unido y Nueva Zelanda— y adoptó los «Tres principios antinucleares», que le prohibían poseer, fabricar e introducir armamento nuclear.

Sombra dejada por la explosión nuclear en Nagasaki. La radiación era tal que ese tipo de sombras era común conforme se acercaban al origen de la explosión.

Sombra dejada por la explosión nuclear en Nagasaki. La radiación era tal que ese tipo de sombras era común conforme se acercaban al origen de la explosión.

“Recuerda Hiroshima y Nagasaki”, dirían las fábricas y lugares de trabajo después de la guerra. “Recuerda por qué están aquí”, decían algunos residentes que vivían cerca de las bases navales de los ejércitos que les habían vencido. Esa, tristemente, era su motivación: no olvidar lo sufrido. No olvidar lo acontecido. No olvidar lo que les había causado tanto dolor y lo que les había arrebatado a tantos seres queridos. Japón, rendido, no olvidaría nunca lo que la guerra había traído consigo.

El artillero Bob Caron, también fotógrafo del Enola Gay, describía la bomba así:

“Una columna de humo asciende rápidamente. Su centro muestra un terrible color rojo. Todo es pura turbulencia. Es una masa burbujeante gris violácea, con un núcleo rojo. Todo es pura turbulencia. Los incendios se extienden por todas partes como llamas que surgiesen de un enorme lecho de brasas. Comienzo a contar los incendios. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… catorce, quince… es imposible. Son demasiados para poder contarlos. Aquí llega la forma de hongo de la que nos habló el capitán Parsons. Viene hacia aquí. Es como una masa de melaza burbujeante. El hongo se extiende. Puede que tenga mil quinientos o quizá tres mil metros de anchura y unos ochocientos de altura. Crece más y más. Está casi a nuestro nivel y sigue ascendiendo. Es muy negro, pero muestra cierto tinte violáceo muy extraño. La base del hongo se parece a una densa niebla atravesada con un lanzallamas. La ciudad debe estar abajo de todo eso. Las llamas y el humo se están hinchando y se arremolinan alrededor de las estribaciones. Las colinas están desapareciendo bajo el humo. Todo cuanto veo ahora de la ciudad es el muelle principal y lo que parece ser un campo de aviación.”

Registro fotográfico del daño en Hiroshima

Registro fotográfico del daño en Hiroshima

Recordemos Hiroshima y Nagasaki. No permitamos que se olvide la historia: ni los errores de los involucrados ni la crueldad de aquellos que clamaban querer paz consiguiéndola con muerte.

Piensología agradece su lectura.

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“Las palabras matan guerras”, una campaña de Adot.com

A raíz del conflicto entre Rusia y Ucrania, Adot.com -una organización que busca encender la conciencia mundial sobre la naturaleza del ser humano- lanzó una campaña con cuatro piezas visuales que enfrentan armas con herramientas de comunicación, esto con la intención de demostrar que las palabras pueden matar a las guerras.

Esta propuesta nace con la intención de hacer reflexionar a la comunidad internacional y a los líderes de ambos países hacia la idea de hablar antes de utilizar las armas, ya que la paz sólo puede ser conseguida a través del diálogo.

De acuerdo con Adot.com: “Esta es nuestra llamada por la paz. Urgimos a los líderes políticos detenerse y pensar. Pedimos a todos los miembros del público reconocer que pueden hacer la diferencia. Si todas las personas se ponen de pie y se rehúsan a pelear en contra de sus vecinos y toman un megáfono para gritarlo desde sus azoteas, no habrá nadie más que sostenga las armas.

Aquí dejamos parte de su propuesta:

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¡Buen fin de semana!