género

“Somos humanos”

Nadie tiene derecho a decidir nada del cuerpo de nadie excepto el dueño de ese cuerpo. El respeto a uno mismo debe venir no sólo de nosotros, sino también de aquellos con quienes convivimos. Sin embargo, no faltará aquél que se sienta con el derecho de decidir sobre nosotros y buscará, debido a la fragilidad de su pensamiento, calmar la inseguridad que éste le provoca metiéndose donde no debería importarle.

La casa se reserva el derecho de admisión y permanencia.

La casa se reserva el derecho de admisión y permanencia.

Nadie tiene el derecho de arrebatarnos nuestra libertad, nuestra individualidad, nuestro espíritu o nuestra esencia. Nadie puede pisotear nuestros pensamientos ni puede decirnos qué pensar o cúando hacerlo. Nadie puede insultar nuestra ideología únicamente por resultarle incómoda o porque va en contra de lo que opina. Nadie debe, bajo ninguna circunstancia, violentar a aquellos que piensan distinto, menos bajo órdenes de alguien que cobardemente se escuda detrás de las fuerzas que deben proteger al pueblo, no reprimirlo.

Ni el ejército ni sus gobernantes deben quedar impunes ante actos represores en contra del pueblo.

Ni el ejército ni sus gobernantes deben quedar impunes ante actos represores en contra del pueblo.

Nadie debe, jamás, sentirse más o merecedor de un número mayor de privilegios por pertenecer a un grupo, a un género o a una organización cualquiera. Ningún género o raza debe ganar más que el otro por hacer el mismo trabajo con el mismo desempeño, ningún género o etnia debe ser ultrajado, ignorado ni vejado por el simple hecho de serlo. Ningún ser humano debe sentirse acosado ni inferior a otro porque raza hay una sola, y esa es la raza humana.

De toda raza, de todo credo, de toda nacionalidad.

De toda raza, de todo credo, de toda nacionalidad.

Que se ignore o malentienda la importancia de todo ello es trágico y doloroso. Sobre todo porque somos únicos. Somos dignos. Somos humanos.

“Somos humanos” de Salvador A. Pérez Rosas, 2011.

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Piensología musical: ¡Hablamos de House!

Nos pidieron que volviéramos a publicar nuestro artículo de House (del género musical, no del doctor), así que aquí va:

El house es un estilo de música electrónica que se originó en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, al comienzo de los años 80′. Inicialmente, se hizo popular en las discotecas orientadas hacia el público afroamericano y latino de la ciudad, después expandiéndose hacia Nueva York y Detroit. No fue sino hasta varios años después cuando el house llegó a Europa, donde se convirtió en un fenómeno masivo con una influencia dominante en otros estilos musicales como el pop y la música de baile de mediados de los años 90′.

El house está fuertemente influenciado por las variantes más soul y funk de la música disco. Generalmente imita la percusión del segundo género, especialmente el uso de un prominente golpe de bombo con cada beat, aunque también puede incluir poderosas líneas de bajo sintetizadas, baterías electrónicas, samples de funk y pop, además de vocales potenciadas con filtros reverb o delay. Aquí un ejemplo de house con esas influencias por parte de Laurent Wolf con “No Stress”:

En sus inicios, la música house estaba caracterizada por ritmos de cuatro cuartos, generalmente provistos por la batería, los platillos fuera de ritmo y bajos de sintetizador. Poco a poco, sin perder su influencia disco, el house fue adoptando otros elementos más electrónicos que acompañaban sus tonadas, dando mucho más relevancia al ritmo que a la canción per se. Hoy en día, el house tiene variantes curiosas de estilo e influencia, con algunas yéndose más a lo complejo del soul y el funk mientras otros se inclinan por un house más minimalista o la fusión con otros subgéneros, derivando en el euro house, el tech house, el electro house y el jump house, por mencionar algunos.

Pero para recordar bien lo que se publicó en Piensología en nuestro último artículo musical, traemos un ejemplo de house minimalista cuyo ritmo es ideal para bailar de mano de Scissor Sisters y su “Let’s Have a Kiki”.

¡Buen sábado, piensólog@s!