Literatura

En esta sección encontrarás extractos, poemas, pensamientos, cuentos y frases de personajes célebres y no tan célebres (pero que no dejan de ser admirables).

“No siento nada, mujer” de Salvador A. Pérez Rosas

“Te lo llevaste todo, mujer.
Cuando te fuiste, nada dejaste.
Te llevaste mi amor, mi pasión,
hasta mis palabras, mujer.

En meses no he escrito nada, mujer.
Nada desde que te marchaste.
Solo estoy, sin corazón,
sin mis palabras, mujer.

Qué cruel resultaste, mujer.
Dejando a un poeta tirado al traste.
Perdiendo de a poco la razón,
sin palabra alguna, mujer.

Pero hoy brilla el sol, mujer.
días después de que te marchaste.
Al fin, del futuro una visión,
y regresan mis palabras, mujer.

Hoy no siento nada, mujer.
Dice adiós el hombre que abandonaste.
Hacia el futuro, con decisión.
Sin más palabras para ti, mujer.”

12003973_905434276215005_5394433028783314499_n

“Las dos linternas”, de Ramón de Campoamor

I

De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

el_cristal_con_que_se_mira

II

– Con mi linterna – él decía-
no hallo un hombre entre los seres-.
¡Y yo que hallo con la mía
hombres hasta en las mujeres!
él llamó, siempre implacable,
fe y virtud teniendo en poco,
a Alejandro, un miserable,
y al gran Sócrates, un loco.
Y yo ¡crédulo! entretanto,
cuando mi linterna empleo,
miro aquí, y encuentro un santo,
miro allá, y un mártir veo.
¡Sí! mientras la multitud
sacrifica con paciencia
la dicha por la virtud
y por la fe la existencia,
para él virtud fue simpleza,
el más puro amor escoria,
vana ilusión la grandeza,
y una necedad la gloria.
¡Diógenes! Mientras tu celo
sólo encuentra sin fortuna,
en Esparta algún chicuelo
y hombres en parte ninguna,
yo te juro por mi nombre
que, con sufrir al nacer,
es un héroe cualquier hombre,
y un ángel toda mujer.

Cristal con que se mira

III

Como al revés contemplamos
yo y él las obras de Dios,
Diógenes o yo engañamos.
¿Cuál mentirá de los dos?
¿Quién es en pintar más fiel
las obras que Dios creó?
El cinismo dirá que él;
la virtud dirá que yo.

Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira.

“Las dos linternas”, de Ramón de Campoamor.

“Romance de la luna”, de Federico García Lorca

“La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.”

1446873001866“Romance de la luna”, de Federico García Lorca.

¡Gracias por elegir Piensología!

“Hoy te amo menos”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“Te prometí una vida llena de amor,
ser fiel siempre a tu figura.
Te prometí calor en días de frío,
para evitar el dolor que te censura.

Quise ser esposo, hombre, el ser amado,
quien en tu lecho durmiera a tu lado.
Pero llegó de nuevo el enemigo mismo:
entre nosotros, de nuevo, el abismo.

Pudimos ser vida, alegría y perpetuidad.
Pudimos ser uno por toda la eternidad.
Pero no somos nada ni seremos jamás.
Hoy te amo menos y mañana, no más.”

“Hoy te amo menos”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“Tu vientre”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“Tu vientre es la muerte, mujer.
Lo digo porque vive en mi memoria,
en mis manos, en mi piel.
y yo me desvivo amándote, mujer.

Muerto en vida,
intentando vivir sin ti,
pero me muero por tenerte,
y tener tu vientre frente a mí.

Desvanecerme en él,
y amarle hasta morir.
Hacerle la vida, hacerle el amor,
conseguir la perpetuidad.

Porque tu vientre es la vida, mujer.
y la muerte de mi ser, también.
Con amor haremos vida en él,
para que sigamos en el mundo
aunque ya no estemos en él.

Con la vida que con pasión hagamos,
aquella que el amor habrá de hacer.
Y quien viva por nosotros sabrá,
que te amé y te amo tanto, mujer.
Que tan te amé desde antes que fueras madre
y que tan me amaste que en padre me convertí.

Porque tu vientre es la vida, mujer.”

 

“Tu vientre”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“Pienso en tu sexo”, de César Vallejo

“Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, si, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!”

o6A4E9-pl0s.jpg

“Pienso en tu sexo”, de César Vallejo

“Mañana dejaré de amarte”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas

“A esa mujer que de mi vida fue parte,
aquella que aún es mi singular amada,
así me deje el corazón en la nada,
será mañana cuando deje de amarte.

Porque no puedo ya con tantas pasiones,
con la imagen tan presente de tus senos.
Pero no todos los recuerdos son buenos,
que también guardo lo cruel de tus acciones.

Te deseo sólo bien, querida mía,
salud y bienestar para tí yo quiero.
Y si de lo nuestro queda si un empero,
¡Pues llama, habla, que se nos acaba el día!

Porque mañana voy a dejar de amarte,
porque más quiero amar y encontrar amor.
Y si lo que fue contigo ha sido un error,
no digas más, que habré al fin de olvidarte.”

Femme Ex Machina

“Mañana dejaré de amarte”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas.

“La mujer rota”, de Simone de Beauvoir

“Extraordinario decorado el de este bosquejo de ciudad abandonada en los confines de un pueblo y al margen de los siglos. Bordeé la mitad del hemiciclo, subí por las escalinatas del pabellón central: contemplé largo rato la sobria majestad de estas construcciones edificadas con fines utilitarios y que nunca sirvieron para nada. Son sólidas, son reales: sin embargo, su abandono las transforma en un simulacro fantástico: uno se pregunta de qué. La hierba tibia, bajo el cielo de otoño, y el olor de las hojas muertas me aseguraban que no había abandonado este mundo, pero había retrocedido doscientos años atrás. Fui a buscar unas cosas en el auto; extendí una manta, almohadones, puse la radio a transistores, y fumé mientras escuchaba Mozart. Detrás de dos o tres ventanas polvorientas adivino presencias: sin duda son oficinas. Un camión se detuvo ante uno de los portones, unos hombres abrieron, cargaron bolsas en la parte trasera del vehículo. Ninguna otra cosa ha alterado el silencio de esta siesta: ni un visitante. El concierto terminado, me puse a leer. Doble sensación de extrañamiento: me iba muy lejos, a orillas de un río desconocido; alzaba la vista y volvía a encontrarme en medio de estas piedras, lejos de mi vida”.

resting-girl-charcoal

Simone de Beauvoir, “La mujer rota” (1968).

“Rima LIII”, de Gustavo Adolfo Becquer

“Volverán las oscuras golondrinas
En tu balcón los nidos a colgar,
Y, otra vez, con el ala a sus cristales
Jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
Tu hermosura y mi dicha a contemplar,
Aquellas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
De tu jardín las tapias a escalar,
Y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;
Pero aquellas cuajadas de rocío
Cuyas gotas mirábamos temblar
Y caer, como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!

Volverán del amor a tus oídos
Las palabras ardientes a sonar;
Tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará;
Pero mudo y absorto y de rodillas,
Como se adora a Dios ante su altar,
Como yo te he querido… desengáñate;
¡así no te querrán!”

“Rima LIII”, de Gustavo Adolfo Becquer.

tumblr_mmynvbp0Ax1s7e0aso1_500

“Amaba amarte”, de Salvador Alejandro Pérez Rosas.

“De las cosas que hicimos y de todo lo que juntos aprendimos, lo que más me gustaba, lo que más adoraba, era amarte. Amaba amarte toda, amarte a medias, amarte grande y amarte pequeña. Amaba verte sonreír, amaba hacerte reír y amaba borrar de ti cada duda que se te escurria en el corazón.

tumblr_nam9h1Gg281rbcubso1_1280

Amaba molestarte un poco en broma sólo para que me gruñieras de regreso. Amaba cada momento en el que estabas triste porque podía alegrarte. Cada momento en que te enojabas porque podía calmarte. Cada momento en que dudabas porque podía convencerte. Cada momento en que temías porque podía ser el valor que te hacía falta.

tumblr_nam9h1Gg281rbcubso2_1280

Amé cuando nos amamos no importando el lugar. En el auto, en la calle, en donde fuera; el amor estaba con nosotros y, si no estaba, lo hacíamos juntos hasta saciarnos.

Y así como amé todo eso, amé también cuando peleamos. Cuando comenzaste a temer tanto que no regresabas, cuando comenzaste a dudar tanto que te volviste injusta, que te volviste cobarde, que te volviste hasta censura.

Amé todo ello porque tanto te amo aún, que amé la oportunidad de dejarte libre y de seguir siendo sin mí. Porque sin mí es como me enamoré de ti… y conmigo es como no quise seguir amándote”.

“Amaba amarte”, de Salvador A. Pérez Rosas, 2015.