“Vieja compañera”, de Salvador A. Pérez Rosas

“Ah, eres tú, vieja compañera. Hacía mucho que no visitabas. Que no sabía nada de ti.

Pero para poder recibirte con una sonrisa y aún tener la energía suficiente para despedirme de ti, he de hacer a un lado los escombros que has dejado sobre mí. Aquellos que cubren lo que creí poder ignorar y que he de recoger si es que quiero enfrentarme a ti.

¿Por qué regresas? ¿Por qué insistes? ¿Por qué no puedo simplemente ignorarte y continuar con aquello que me hace feliz? Ah, por eso. Porque no te he enfrentado. Porque no te he dicho que ya no eres bienvenida. Porque ignorarte no sirve de nada si aún estás ahí.

Siempre has sido una cruel compañera, intentando mezclarte con aquello que me deja una sonrisa o que me hace olvidar que existes. Es como si cada vez que quisiera dar un paso al frente, me jalaras del pantalón para voltear hacia ti y darme cuenta de que sigues presente.

La verdad es ineludible: debo enfrentarte si es que quiero dejarte ir. Debo decirte lo que no he dicho si es que quiero ser libre. Debo seguir adelante sin ignorarte. Enfrentarte. Vencerte.

Eres cruel. Inclusive buscas hacer de la catarsis de estas palabras una pérdida de tiempo, así como te encargas de ensuciar cualquier dulzura con tu pesadumbre. Y pensar que antes me amargaba entre bromas, justificando mi soledad contigo, mi única compañera.

Pero no habrás de lograr nada. No esta vez. Porque la última vez dije que la próxima sería la última. Y la última es esta vez. Resulta que tu presencia es poderosa, pero más lo es la de ella. Sé que la odias, pero tu opinión ya no es importante. Lo que me hagas recordar ya no es relevante. Porque a diferencia de otras veces, esta vez estoy con ella.

¿Duele, acaso, que no quiera estar contigo? Bien, así tal vez decidas no regresar más y, si lo haces, jamás será lo mismo. No olvides que siempre me he puesto de pie, aún contigo presente para arruinarme el intento. No podrás vencer. No lograrás tu cometido. Nunca lo harás.

Perderás. Claro, insistirás, pero siempre perderás.

Me quedo con ella.

Adiós, Tristeza.

Hola, Felicidad”.

“Vieja Compañera”, de Salvador A. Pérez Rosas, 2015.

lelol

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