“A ti, Ari” (2 de 4)

“Me enojé. Grité. Te reclamé furioso por no darme la oportunidad de saber lo que me habías escondido, de arrebatarme el derecho a estar a tu lado cuando ya casi veías el final del camino, de hacerme sentir culpable por haber terminado lo nuestro sin saber que te dejaba caminando a solas.

Y a pesar de todo ello me sonreíste. Me abrazaste. Me besaste. Y pedías perdón, pero no lo acepté. No pude. Pero tenía la oportunidad de estar nuevamente a tu lado, enojado o no. De cuidarte, enojado o no. De acompañarte, enojado o no. Hasta que tu camino terminara, enojado o no.

Qué duro fue acercarse al final. Verte desaparecer lentamente era algo que creí que merecía, ya que yo era el que había terminado lo nuestro cuando estábamos separados. Pero no sabía por qué te habías ido. Habías elegido no decirme nada para no lastimarme, pero seguía molesto contigo. Furioso conmigo. Enojado por todo.

Pero sonreías. Nunca entendí cómo lograbas sonreír, considerando lo que estaba ocurriendo. Recuerdo esas discusiones tan teológicas al respecto, contigo defendiendo enardecida tu creencia religiosa y yo lo absurdo que me parecía. Estabas tan segura de Dios, de que prevalecerías, pero nunca pudiste convencerme.

“Te cuidaré”, decías.
“Verás que tengo razón”, murmurabas.

Pero te ibas, mujer. Te me ibas para siempre.”

“A ti, Ari” (2 de 4), de Salvador A. Pérez Rosas.

Anuncios

¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s