“Bosquejeando”

“Una mañana decidí dibujarte. Tan coqueta tú, que pedías que lo hiciera y tan inseguro yo, que no sabía cómo reaccionar cuando sin pena te quitaste la ropa y miraste hacia la ventana. Respondí sonrojándome a tu cómplice sonrisa, sacudiendo la cabeza y limpiando el polvo del papel.

Comencé con unos trazos. Débiles al principio, más firmes al final. Cuando me di cuenta, los detalles más importantes de tu cuerpo desnudo los había trazado ya: tus ojos, tus labios, tus senos, tu vientre, tu sexo. Ahí estabas frente a mí y ahí estabas en el papel, ambas siendo tú.

Y fue bosquejando cuando me di cuenta de cómo te había memorizado. Cada centímetro de ti era fascinante y sólo pensaba, mientras el lápiz se movía, cómo inmortalizar tu desnudez en un lienzo que enseñara al mundo lo hermoso de tu ser.

Y bosquejando me di cuenta de cuán hermosa eres. Te había visto y hacías que me latiera el corazón, que me brotara pasión dibujándote. Ni Miguel Ángel con su Madonna ni Leonardo con su Gioconda: tú eras mi musa, mi razón, mi modelo, mi todo.

Y bosquejando me di cuenta de cuánto me habías enamorado.”

Salvador A. Pérez Rosas.

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