Más de Rostand y su Cyrano de Bergerac

Adelina, una de nuestras piensólogas de antaño, nos recordó otro pasaje de Cyrano de Bergerac que queremos compartir con ustedes. No sólo es un fragmento poderosísimo de texto, sino un ejemplo claro de lo que la traducción de ciertas obras puede hacer para levantar el mensaje original del autor. Sin más, les dejamos con ese extra de Cyrano:

“¿Cuántos sois? ¿Sois más de mil?
¡Os conozco! ¡Sois la Ira!
¡El Prejuicio! ¡La mentira!
¡La envidia cobarde y vil!…
¿Que yo pacte? ¿Pactar yo?
¡Te conozco, Estupidez!
¡No cabe en mi tal doblez!
¡Morir, sí! ¡Venderme, no!

Conmigo vais a acabar.
¡No importa! ¡La muerte espero
y en tanto que llega, quiero
luchar… y siempre luchar!
¡Todo me lo quitaréis!
¡Todo! ¡El laurel y la rosa!
¡Pero quédame una cosa
que arrancarme no podréis!
El fango del deshonor
jamás llegó a salpicarla;
y hoy, en el cielo, al dejarla
a las plantas del Señor,
he de mostrar sin empacho
que, ajena a toda vileza,
fue dechado de pureza
siempre; y es el sello de mi grandeza*

*Nota: Es prudente hacer mención que esta última línea -y como bien nos lo recordó Adelina- tiene muchas versiones de traducción, con una de las más sonadas siendo “mi penacho”. Sin embargo, la versión que también preferimos es definitivamente la del “sello de mi grandeza”, ya que es la idea que está detrás de dicha traducción y que levanta mucho más el cierre del discurso.

¡Lindo inicio de semana, piensólog@s!

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