La censura… y por qué es peligrosa (5 de 5)

Uno de los argumentos que tenemos en contra de la censura es que impide el funcionamiento del sentido común y la sensibilidad conforme a ciertos contenidos, impidiendo también el derecho inalienable de cualquier ser humano a expresarse libremente o a ser informado de lo que le rodea y podría incumbirle en el futuro.

Un ejemplo claro puede verse con los padres de familia, algunos eligiendo no hablar jamás de ciertos temas como sexualidad, crimen, religión y/o política con sus hijos, creyendo que así les están protegiendo. Aunque ciertamente es necesario esperar a cierta edad para compartir algunos temas, elegir nunca tratarlos con ellos puede arriesgarlos a enfrentarse al mundo con un concepto errado que jamás le fue explicado.

"Odalisque" de Mariano Fortuny. ¿Censurable?

“Odalisque” de Mariano Fortuny. ¿Censurable?

El otro concepto de censura que nos parece terrible es cuando ésta es promovida por un gobierno u organización cualquiera. Cuando éstos ponen límites en lo que es o no es correcto expresar, están poniendo frente a nosotros un obstáculo en el cual los derechos de una persona a la libre expresión se limitan, esto con la esperanza de controlar una idea o a un grupo en especial. Es más fácil, después de todo, controlar a un grupo de gente que no puede expresarse que hacerlo con un grupo más vocal y expresivo… es decir, más libre.

En 1984, George Orwell ofrece una visión por demás aterradora, introduciendo a su trabajo dos conceptos terribles: la Policía del Pensamiento, que arresta a los ciudadanos que se atreven a pensar en cosas que van en detrimento de las consignas del Partido, y la Neolengua, una adaptación del idioma en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, esta última basándose en el principio de que “lo que no forma parte de la lengua, no puede ser pensado”.

Claro está que el hecho de que algo no esté visible no significa que no esté presente. Cuando la censura es comparsa de la mojigatería, aquellos a quienes no se les ha explicado lo hermoso del erotismo, lo libre de la sexualidad o el momento adecuado para una injuria o una grosería, no pueden evitar sentirse ofendidos y hasta asustados de lo que ven ya que, cuando debió ocurrir, jamás fueron informados al respecto.

Y a eso llegamos: ¿acaso si un pezón, un pene o una vagina están cubiertos por ropa dejan de existir? ¿Debemos sentir vergüenza cada vez que nos duchamos? ¿Es válido llamar a una especie de Gestapo ideológico para que se haga cargo de aquél con quien disentimos? ¿Debemos rechazar todo aquello que sea distinto o que ofrezca otra perspectiva con tal de seguir disfrutando de nuestro status quo?

Aquí termina nuestra serie de artículos contra la censura.

Seguiríamos con más, pero se nos acabó "la pintu". Cortesía de Quino.

Seguiríamos con más, pero se nos acabó “la pintu”. Cortesía de Quino.

¡Gracias por leernos!

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